César Gaviria Trujillo (Pereira, 1947)

No hay nada que me divierta más que ir al taller de un artista

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Foto: © Juan Osorio

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(Apartes de una entrevista más amplia)

Natalia Castillo: ¿De qué manera considera que se reflejaron en el arte y los artistas de nuestro país los acontecimientos políticos sucedidos en Colombia hacia 1989?

César Gaviria: Yo siempre he creído que los temas de violencia en Colombia llegan al arte un poco tarde. Por ejemplo, la violencia de fines de los cuarenta y los cincuenta llegó al arte, yo diría, que sólo hasta los años setenta y ochentas, cuando se empezó a ver el flujo de eso. El narcotráfico también se demoró, hay un retraso de varios años —una década, por lo menos— antes de que empezáramos a ver a los artistas enfocados en esos temas de manera abierta. Yo no digo que no haya influido en los artistas, claro que sí, pero no como un tema muy específico y preciso, sino como algo que les había tocado vivir.

NC: ¿Y un acontecimiento mundial como la caída del muro de Berlín, que marcó el fin de la Guerra fría, cree que afectó la producción de los artistas de ese momento?

CG: Bueno, ese es un tema diferente. En los sesenta hubo muchas cosas que influyeron la cultura y el arte colombiano, que nos determinaron a quienes nos formamos en esa época. Por un lado el Marxismo, por otro la Revolución de Mayo y por otro lado la Guerra de Vietnam, también algunas de las muertes violentas: Martin Luther King y Kennedy. Tal vez no hay otro periodo de la vida colombiana donde acontecimientos de carácter universal pesaron tanto, sobre todo en los estudiantes, yo no diría que sobre el grueso de la población, pero sí sobre nosotros que tuvimos una presión cultural enorme con ese tipo de episodios.

NC: Recientemente entrevisté a Nicolás Paris, quien refiriéndose a la segunda parte de mi libro que titulo “No somos nietos de nadie” dijo, corrigiéndome, que mejor debería referirme a Los hijos de la Constitución del 91. ¿En este contexto, cuál considera que fue el aporte más importante de su Gobierno a la cultura y, en particular, a las artes plásticas del país?

CG: No puedo decir que fue mi Gobierno, pero sí la Constitución. Hasta ese momento Colombia vivía en la filosofía de la Guerra fría, vivía todavía en la contradicción entre Marxismo y Capitalismo. Colombia vivió un periodo en el cual la violencia política tenía raíces que eran claras —eso ha sobrevivido a la Constitución— pero hoy, cuando uno se pregunta ¿Cuál es la razón de ser de la FARC? no encuentra muchas, lo que encuentra son cosas ideológicamente superadas hace mucho tiempo. Desde luego, ahí están las injusticias sociales que ellos alegan, pero igual están en toda Latinoamérica y en los otros países no hay guerrillas. Pero yo sí creo que hubo una ruptura y el tema de los derechos cambió mucho la mentalidad de los colombianos, sobre todo el tema de los derechos de la gente, de la prelación de los derechos sobre la fuerza del Estado, la ley y las autoridades, yo creo que ese cambio de mentalidad sí tuvo un impacto muy grande en Colombia y que lo va a seguir teniendo. Hasta ese momento Colombia era un país que privilegiaba el Estado, la autoridad, la ley y eso, desde la Constitución del 91, ha tenido un cambio bastante profundo, especialmente en el ámbito cultural.

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Foto: © Juan Osorio

NC: ¿En qué momento empieza su fascinación por el arte contemporáneo?

CG: Me tomó tiempo. Lo que pasa es que, claro, el arte que hoy es contemporáneo en diez años es moderno y no contemporáneo, entonces hablar del arte contemporáneo es muy relativo. Lo que era contemporáneo a finales de los ochentas o los noventas, hoy prácticamente es moderno; así que digamos que el arte contemporáneo es como la vanguardia, no es una cosa que esté definida en un periodo muy preciso. Pero sí existe, por lo menos como tema académico, una clara separación.

Yo empecé a coleccionar arte colombiano joven, digamos de manera mucho más sistemática, hasta después que terminé la presidencia… Con Carlos Andrés Hurtado [socio y curador de la Galería Nueveochenta] cada vez que yo venía a Bogotá íbamos a los talleres de los artistas y me fui metiendo en el mundo del arte
contemporáneo —que era en realidad el arte joven de su momento— y así estuve, por lo menos toda esa década antes de regresar a Colombia.

NC: Mientras vivió en Washington, como Secretario General de la OEA… ¿Qué relación tuvo con el arte, con los artistas y con las galerías a nivel internacional?

CG: Era un poco diferente. Allá me conecté más al arte latinoamericano y a algo del arte contemporáneo mundial, sobre todo en fotografía. Viajaba por toda Latinoamérica y tuve muchas oportunidades de conocer artistas y de comprar arte, entonces eso es algo que sucedió paralelamente con mi interés por el arte joven y el arte de los jóvenes colombianos.

NC: ¿Cómo veía el arte colombiano en relación al latinoamericano?

CG: Ese todavía fue un periodo de aprendizaje. Yo compraba arte colombiano pero todavía me faltaba haber visto mucho arte para entender mejor lo que hoy vemos como la contemporaneidad. Pasó, no diría yo que una década, pero sí un buen tiempo antes de que yo me aproximara, incluso, al arte contemporáneo latinoamericano. Lo que compraba al principio era arte moderno.

NC: ¿En dónde ha adquirido las obras de su colección?

CG: ¡Uy!, eso es un tema. Yo nunca he sido un tipo muy ordenado a la hora de adquirir arte y además no soy sólo yo, porque en mi colección influye María Paz [hija del presidente Gaviria, experta en arte, estudió Historia del Arte en la Universidad de Columbia], Carlos Andrés, los amigos y los galeristas, entonces no se puede decir que sólo con mis ojos adquirimos. No. Realmente es una colección que, como buena parte de las colecciones, es adquirida en la medida que uno va viendo el arte y va comprando lo que le va gustando, también en la medida que se tiene acceso a las obras. Nunca ha habido algo demasiado sistemático y formal, y aún hoy sigue siendo así.

NC: ¿Pero, al momento de comprar, existe algún parámetro?

CG: Sí, hay un parámetro en un sentido: que tenemos ojos muy complementarios y en cierta forma hay una visión del arte similar. Todos tenemos relativamente claro qué tipo de artistas queremos, qué obras. De la mano de María Paz, que tiene un estudio mucho más profesional en artes, se empieza a sentir más esa claridad, también de parte de Carlos Andrés, así que el más amateur soy yo.

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Foto: © Juan Osorio

NC: ¿Por qué montar una galería de arte tras su regreso al país?

CG: Realmente el que decidió montar una galería fue Carlos Andrés, no fui yo. Yo lo acompañé y esa sigue siendo la realidad. La galería la lleva él con sus criterios, con sus conceptos, no yo. Yo lo he acompañado en ese proceso y me divierte, me entretiene y me gusta, pero yo no soy galerista.

NC: ¿Qué lo motivó a apoyar a Carlos Andrés en la gestación de la Galería Nueveochenta?

CG: Que el proceso de conocimiento del arte colombiano joven lo hice con él, y siempre le dije que el día que quisiera abrir una galería yo lo acompañaba. No fue una decisión de los dos, aquello de abrir la galería, fue de él y ya cuando estuvo preparado y listo le dije: Sí, yo lo acompaño.

NC: ¿Cuál es la vocación de la Galería Nueveochenta?

CG: Tiene una orientación bastante precisa. Primero se empezó a trabajar con artistas jóvenes, contemporáneos, con bastante futuro. Se trabaja con pocos artistas, con el propósito de acompañarlos en su carrera, con la idea de que el oficio principal de la galería sea el de ayudarles a estos artistas a llegar a una exposición y a buenas muestras en el exterior. Se ha mantenido así a lo largo de los años, no somos una galería que hace muestras generales, somos una galería que tiene un grupo de artistas y los acompaña, hace muestras de ellos y vende su obra.

NC: ¿Hacia dónde va la Galería Nueveochenta en esta segunda década del Siglo XXI?

CG: Hay algo que está pasando en el arte que ya es claro, y es que el mundo de las Ferias y de las Bienales se está volviendo tan importante como el mundo de las galerías o más. Está llegando allí mucha más gente y más coleccionistas que los que van a las galerías y las galerías tienen que aprender a acomodarse a eso, a que el mundo del arte es viajando, es saliendo, yendo a los eventos, encontrando a los artistas… El fenómeno de globalización del arte se está dando a través de las Ferias y de las Bienales.

NC: ¿Qué piensa hoy, pasados seis años de haber abierto Nueveochenta, del papel que cumple su colección y la misma Galería en el medio artístico del país?

CG: De la colección puedo decir que tengo una colección importante de arte contemporáneo colombiano, no digo que es mejor que la de nadie, porque no lo es, yo creo que hay colecciones mejores, pero yo creo que he hecho más esfuerzo por ir a las raíces y por buscar arte joven. Puedo tener una colección dispareja, pero que cubre bastante el arte colombiano. Ahora, en las decisiones sobre arte nada tiene que ver que tengamos participación en una galería, como oirás de todos los artistas y de los galeristas, cuando compramos arte nosotros hacemos el esfuerzo de hacerlo de todas partes, no estamos limitados por la galería.

NC: Las dinámicas del arte contemporáneo en Colombia y en el mundo le han otorgado un papel fundamental al público, creando diferentes estrategias para acercarse a él ¿Qué opina de este tema?

CG: Sin duda las galerías —y sobre todo las galerías de arte contemporáneo y las galerías jóvenes— cumplen un papel importante en el momento de acercar a la gente al arte, de quitarles el miedo. Prácticamente cada galería que se abre tiene que ponerse por tarea crear sus propios coleccionistas, y no es tan fácil dado que los coleccionistas confían en pocas personas, en pocas galerías y no se salen de ahí. Pero la función de promocionar en forma masiva el arte debe ser de los museos, hay que acercar a los chicos y a la gente a los museos, ya que las galerías de todas maneras tienen una cosa un poco exclusivista que distancia a la gente. Y lo digo por lo que pasa en el exterior, si uno pregunta, por ejemplo, cómo se ha masificado el arte en Estados Unidos, nadie dirá que por los galeristas, siempre dirán que por los museos y lo mismo ocurre en Europa; por eso afirmo que esa es una función más de los museos que de las galerías, y eso no tiene discusión: circula mucha más gente por una exposición del Banco de la República que por todas las galerías de Bogotá juntas.

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Foto: © Juan Osorio

NC: ¿Qué papel cree que cumplen las galerías y espacios alternativos en Colombia?

CG: Cumplen un papel muy importante. Yo diría que el grupo de coleccionistas nuevos, que ya es un grupo bastante grande, hace un esfuerzo por recorrer los espacios alternativos. Puede que sean más cautelosos para comprar en un espacio alternativo que en una galería más tradicional, pero van a ver los artistas, que es lo importante.

NC: ¿Cómo ve el arte contemporáneo colombiano hoy en día?

CG: El arte colombiano hoy en día está bastante bien. Hay mucho potencial, hay muchos artistas buenos que tienen futuro, y eso es algo que se siente en Latinoamérica, que se siente en Europa y en los museos de afuera.
El reconocimiento al desarrollo que se ha dado en el arte tiene mucho que ver con las Escuelas buenas de arte que hay en Colombia. De pronto es odioso nombrar, pero la facultad de la Universidad Nacional, la de los Andes, la de la Javeriana, la de la Tadeo o la de la Universidad de Antioquia, por solo citar cinco, pero hay muchas más, que han cumplido un gran papel en la formación. Ya es problema de los jóvenes volverse buenos artistas, pero están bien entrenados y eso es algo que no existe en todas partes. Más que las galerías, el papel importante lo han cumplido las buenas Escuelas.

NC: ¿Qué opina de la formación académica vs. la formación empírica de un artista?

CG: Cada vez es más importante la formación académica, o sea, cada vez hay menos artistas empíricos. Yo sé que en la historia del arte hay mil artistas que nunca tuvieron formación académica, pero cuando tú entras en el mundo de arte contemporáneo, vas encontrando que el concepto es lo más importante y penetrar el mundo del concepto, descubrirlo y encontrarlo, es algo muy difícil de hacer. Un artista puede llegar al concepto de forma autodidacta, pero le tomará mucho tiempo, ese tema se percibe mucho mejor desde la academia que desde afuera. Antes, cuando el arte se centraba simplemente en las técnicas, era más fácil ser autodidacta. Con el arte conceptual es más difícil.

NC: ¿Cuál cree que es la influencia del arte en la sociedad?

CG: La influencia del arte en una sociedad como la colombiana es creciente. Hubo otros momentos del país en que también fue así, como los setentas y ochentas. Es creciente, sobre todo en la gente joven que está llegando al arte: le gusta, lo vive, lo disfruta, lo representa y se siente expresado, no tengo duda de que eso está pasando.

NC: ¿Cuáles considera que son las cinco obras más importantes del arte contemporáneo en Colombia? ¿Por qué?

CG: ¡Uy!, eso es supremamente difícil de decir. Creo que es muy difícil ir más allá sin ser injusto. Pero digamos que el nivel que ha adquirido Doris Salcedo hace que esté más allá del bien y del mal, ella ha desbordado a todos los artistas colombianos.
Hay otro fenómeno muy interesante, el de los artistas que fueron modernos o contemporáneos hace ya treinta años y aún siguen vigentes: Beatriz González, Miguel Ángel Rojas, Álvaro Barrios, artistas que hoy siguen siendo muy contemporáneos y que ya lo eran hace décadas y eso es un tema importante e interesante. Pero al empezar a seleccionar artistas uno entra en injusticias cuando empieza a decir que este es mejor que este otro y este que este…

NC: Y, como coleccionista: ¿Qué compra hoy?

CG: Lo que te he dicho, cada vez estoy más concentrado en el arte contemporáneo colombiano y en unas pocas cosas de arte contemporáneo latinoamericano, que ya no tiene nada que ver con maestros, sino con artistas jóvenes. Pero eso hay que hacerlo de manera muy restringida y limitada porque ser coleccionista empieza a ser un ejercicio demasiado costoso.

NC: Y, ¿qué es arte para usted?

CG: Eso es volver al principio y se vuelve una discusión muy académica. Ya contesté, así que no volvamos al principio.

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Bogotá, mayo 16 de 2013
Oficina del Expresidente

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